jueves, 12 de abril de 2012

Mirando al cielo


Aquí estoy, aquí me encuentro, sentado, mirando al cielo, buscando demasiadas respuestas donde antes ni imaginaba, ni pensaba que estuvieran. Y es que me pregunto que qué hago aquí, mirando al cielo, implorando respuestas, ayuda o simplemente algo que me dé fuerzas. Esperanza para que no vuelva a cagarla, para que no vuelva a cerrar ese cajón lleno de sueños. Y es que de repente, un día cualquiera, se te vuelve a brindar la última oportunidad de tu vida. Cuando tu sueño esta al fondo de ese cajón, cuando te daba miedo hasta abrirlo porque después era muy difícil cerrarlo, vuelve a salir. Y es que para en la misma puerta de tu casa el último tren de tu vida que va dirección a tu sueño.

Escondido en mi mundo, mirando al cielo, persiguiendo estrellas para ver si detrás hay alguien que me ayude. Y es que cuando tenía construido mi propio mundo, un mundo de anarquismo, ateísmo y egocentrismo, un viento lo destrozó todo.

 Una tormenta enloqueció todo mi mundo y por más que intento aguantarme, pensar en otra cosa e intentar que todo vuelva a la normalidad, no puedo. 

La tormenta, con sus vientos hipo huracanados, junto con el agua que llega a todo los rincones, los relámpagos perseguidos por los truenos, los terremotos producidos por ese sueño que quiere salir del cajón, las inundaciones producidas por las lluvias, las erupciones volcánicas, el impacto de un gran meteorito que provocó incendios por toda la zona y junto con los huracanes, lo destrozaron todo. 

Desastres naturales que destrozaron mi mundo, y solo porque aquel sueño vuelve a salir.
Todo  cambió, y es que es la última oportunidad, después de todas aquellas fracasadas por mi culpa y por terceras personas, el destino es justo y vuelve a brindarme una última ilusión por la que luchar, por la que apretar los dientes para que no tengas que cerrar otra vez ese cajón, por la que correr más que nadie, saltar más que nadie, gritar más que nadie, para levantarme más rápido, y es que mis adversarios no saben que yo no corro ni salto, que yo vuelo, que mi grito suena hasta en una garganta muda y que la tengo a ella, que me da fuerzas y ánimo. 

Aquí me encuentro, con las rodillas clavadas en el suelo, con la mirada perdida en el cielo y sin saber si estás ahí arriba, implorando un poco de ayuda, pero luchando con o sin ti.

Y es que la única forma de terminar, es escribiendo lo que verdaderamente siento en mi pecho, como si una olla a presión me fuera a explotar, yo, sigo LUCHANDO.