jueves, 8 de marzo de 2012

Una voz en mi cabeza


Sentado en un rincón, observando al mundo desde una perspectiva que solo yo soy capaz de ver. Fijándome en las sonrisas estudiadas de las personas, en cada gesto, en cada mirada, en cada pequeño detalle de las fracciones de sus cuerpos. Allí, alejado de toda persona que existe en el mundo, en mi rincón, reflexionando sobre mis paranoias que para algunos son signos de inteligencia y para otros simplemente son locuras. 

Allí me encuentro, alejado, solo, echándote de menos, pero es en el único lugar en el que puedo ser yo mismo. Apartado de tantas mentiras, de tantas falsedades, de tantas apariencias y de tantas opiniones superficiales. 

Me retiro a mi rincón, disimuladamente, y nadie parece percibirse de mi repentina ausencia. ¿Y por qué? Por las falsas amistades, los falsos te quieros y los ya sin sentidos “cariño”.

Desde esa esquina observo a los demás,  y es que no hay que mirar demasiado para darse cuenta de que todos son iguales, los mismos peinados, misma forma de vestir y mayor importancia a lo material sobre lo inmaterial. 

Perdiendo el juicio, volviéndome aún más loco, escuchando voces en mi cabeza, y es que llego a la conclusión de que la amistad en sí, no existe. Que desde pequeños nos están inculcando a través de películas, dibujos, libros, comics y hasta nuestros propios padres, que debemos de tener muchos amigos para llegar a ser felices o salvar el mundo. 

Superman y Lois Lane,  Batman y Robin, Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, Sherlock Holmes y Watson, Oliver y Benji, Hellboy y Elizabeth y un gran etcétera. 

La voz de mi cabeza me dice que la amistad, o en este caso los amigos, son periodos de la vida, como lo son el invierno, el verano, el otoño y la primavera, que van pasando y no por eso te debes de sentir mal, simplemente son eso, periodos, capítulos, fracciones, partes, el prologó y el epílogo de tu propia vida. 

Y es aquí, en un rincón de mi mundo, marginado de los grupos sociales donde puedo ser racional sin dejarme influenciar, y me doy cuenta de que si me quieres encontrar debes ir a ninguna parte, y únicamente, debes de perder la cabeza.

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