Aquí me encuentro, sentado en el tejado que tantas veces me
soportó, que tantas veces aguantó mis locuras sobre el papel y sobre todo que
tantas veces ha hecho de amigo, de psicólogo o como queráis llamarlo, lo
importante es que en él podía y puedo entrar en mi mundo.
Aquel mundo donde están los mayores secretos, donde puedo
reflexionar o incluso añorarte. Aquí estoy, una buena mañana, una mañana como
esta, una mañana cualquiera del sin fin de mañanas que existen en un
calendario. Buscando aquella libreta en la cual está toda una vida, una libreta
de alegrías, de desesperación, de paranoias y de locura.
Exiliado en mi mundo, desaparición del mundo real.
Desempolvando mi vieja libreta en la cual pude leer pequeñas historias que no recordaba
ni yo, estaba allí escondida, solo recuerdo que yo la llevé pero no puedo
contestar el por qué.
Solo puedo terminar estos párrafos de una única manera,
exponiendo que miles de preguntas se me amontonan, pero diciendo a pleno pulmón
que vuelvo a las antiguas andadas.
