Aquí estoy, aquí me encuentro, sentado, mirando al cielo,
buscando demasiadas respuestas donde antes ni imaginaba, ni pensaba que
estuvieran. Y es que me pregunto que qué hago aquí, mirando al cielo,
implorando respuestas, ayuda o simplemente algo que me dé fuerzas. Esperanza
para que no vuelva a cagarla, para que no vuelva a cerrar ese cajón lleno de
sueños. Y es que de repente, un día cualquiera, se te vuelve a brindar la
última oportunidad de tu vida. Cuando tu sueño esta al fondo de ese cajón,
cuando te daba miedo hasta abrirlo porque después era muy difícil cerrarlo,
vuelve a salir. Y es que para en la misma puerta de tu casa el último tren de
tu vida que va dirección a tu sueño.
Escondido en mi mundo, mirando al cielo, persiguiendo
estrellas para ver si detrás hay alguien que me ayude. Y es que cuando tenía
construido mi propio mundo, un mundo de anarquismo, ateísmo y egocentrismo, un
viento lo destrozó todo.
Una tormenta
enloqueció todo mi mundo y por más que intento aguantarme, pensar en otra cosa
e intentar que todo vuelva a la normalidad, no puedo.
La tormenta, con sus vientos hipo huracanados, junto con el
agua que llega a todo los rincones, los relámpagos perseguidos por los truenos,
los terremotos producidos por ese sueño que quiere salir del cajón, las
inundaciones producidas por las lluvias, las erupciones volcánicas, el impacto
de un gran meteorito que provocó incendios por toda la zona y junto con los
huracanes, lo destrozaron todo.
Desastres naturales que destrozaron mi mundo, y solo porque
aquel sueño vuelve a salir.
Todo cambió, y es que
es la última oportunidad, después de todas aquellas fracasadas por mi culpa y
por terceras personas, el destino es justo y vuelve a brindarme una última
ilusión por la que luchar, por la que apretar los dientes para que no tengas
que cerrar otra vez ese cajón, por la que correr más que nadie, saltar más que
nadie, gritar más que nadie, para levantarme más rápido, y es que mis
adversarios no saben que yo no corro ni salto, que yo vuelo, que mi grito suena
hasta en una garganta muda y que la tengo a ella, que me da fuerzas y ánimo.
Aquí me encuentro, con las rodillas clavadas en el suelo,
con la mirada perdida en el cielo y sin saber si estás ahí arriba, implorando
un poco de ayuda, pero luchando con o sin ti.
Y es que la única forma de terminar, es escribiendo lo que
verdaderamente siento en mi pecho, como si una olla a presión me fuera a
explotar, yo, sigo LUCHANDO.
